Corro entre una lluvia de piedras,
buscando un refugio,
ese que se que no existe,
ese que siempre busco
y siempre se me resiste.
La muralla de despedaza,
una y otra vez,
por más alta que la construya.
Al final te das cuenta,
solo sirve para aislarte más,
a tí mismo, dentro de tu caparazón,
en tu pequeño remanso de hologramas.
Las manos callosas, resecas y doloridas
van recojiendo poco a poco los pedazos,
instintivamente tarareas una canción,
es parte de tu rutina,
ya no hay dolor,casi,
solo monotonía y,
tal vez, algo de propia decepción,
por haber sido demasiado ingenua otra vez.