Andaba a tientas, como últimamente siempre hacía,
sin saber el destino, la meta, y sin atreverse a echar la vista atrás.
Le gustaba mirar atrás, ver las huellas marcadas en el camino,
unas más fuertes, otras más débiles, algunas borradas ya.
Pero tendía a ensimismarse en ellas,
a recordar el suave tacto de la tierra en las plantas de sus pies,
a recrearse en cada uno de los placeres que esos pasos le habían producido.
Eso le agradaba, pero a la vez sentía que no le dejaba avanzar.
No podía evitar sentir que el camino la dominaba,
que no era ella la que recorría el camino a su antojo,
sino que era éste el que marcaba el ritmo.
Veía pasar bosques, prados, selvas, sabanas...
alargaba sus brazos pálidos y delgados,
ansiaba tocar cortezas, embriagarse con olores,
sentir el sol en su cara, notar el viento alrededor de su cuerpo,
y tumbarse en la hierba.
Tumbarse en la hierba,
dejando el tiempo pasar,
sin nada que hacer,
nada en lo que pensar,
solo..dejar el tiempo pasar...
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