Opto por no ser un hombre común…, es mi derecho ser singular, si puedo… Busco la oportunidad, no la seguridad… Quiero correr el riesgo intencionado; soñar y construir, fracasar y triunfar…, negarme a cambiar el incentivo por un nimio subsidio… Prefiero los retos de la vida a la existencia asegurada, la emoción de realizar una ambición a la calma sosa de la utopía.
"Dean Alfange"

sábado, 5 de enero de 2013

Nápoles (Dulce introducción al caos)

Llevas la maleta llena, llena hasta los topes de ropa, accesorios, electrónica e ideas preconcebidas.

Las opiniones de los otros llenan tu cabeza,opiniones que no son del todo desacertadas, pero que acabarás contemplando desde otra perspectiva.

Nápoles tiene una carta de presentación difícil de leer, y más difícil todavía de comprender. Como las recetas de médico que al principio lees y relees, boca arriba, boca abajo, de lado... Hasta que te das por vencido y simplemente aceptas tu incapacidad para comprender. Nápoles tendrá muchos adjetivos: sucia, caótica, peligrosa, reino de la mafia...y sin duda todos ellos conforman las entrañas de la ciudad. Bolsas de basura se amontonan por doquier, 3 y 4 personas en moto sin casco circulando en contra dirección, gente que tiende la ropa en medio de la calle, peleas entre vagabundos en pleno centro, pedigüeños en el aeropuerto, sillas por doquier en medio de la calle para guardar una plaza de parking imaginaria... Un sinfín de situaciones que no esperas encontrarte en una ciudad europea, "civilizada", del primer mundo. Pero Nápoles rompe todas las reglas.

El primer día te entran unas ganas locas de echar a correr, el caos es absoluto. Es una ciudad sin ley, un "campi qui pugui" como decimos en catalán. Te sientes apabullado, el orden establecido es muy diverso al que tu estás acostumbrado y no sabes como llegar a encajar en él. Tienes esa pavorosa sensación de saber que o te acomodas al caos o te aniquila.

Pero el caos encuentra su punto de equilibrio,el rechazo inicial da paso a una magia que flota en el ambiente. Lo que antes te producía desagrado ahora llega a producirte curiosidad e interés, te maravilla. La gente, a pesar de todo, es feliz. En el ambiente flota alegría. La gente sonríe por la calle, la ayuda surge espontáneamente y la ciudad está en estado de ebullición. El clímax es inevitable.

Todo se confabula para que haya una inimaginable sensación de placidez acompañada con algarabía. "Después de todo no está nada mal", piensas extrañado, "es más, me gusta".

Supongo que es la magia que despiertan todos los lugares que se presentan a tus ojos de una manera tan diferente a como tu concibes el día a día. Y no perdamos de vista que tan solo hablamos de Nápoles, no hablamos de lugares con una cultura y tradiciones tan dispares a las nuestras.

Te marchas de Nápoles con un deje de melancolía, el caos ha calado un poquito en ti. Esa insospechada armonía que surge de ese desbarajuste de ciudad tiene algo que engancha.

Te despides con una sonrisa en los labios. Hasta te hace gracia que el motorista que se ha metido en contra dirección te eche la bronca porque tú, insolentemente, has decidido conducir tu coche por una calleja minúscula en el sentido supuestamente establecido.

"Ed è così che gira il mondo"







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