Ante mi un camino,
o lo que en su tiempo fue un camino,
ahora lleno de hierbajos, maleza y casi ya desdibujado.
A mi alrededor todo tiene el mismo aspecto,
mire donde mire, el mismo paisaje desolador.
Me siento con las piernas cruzadas,
apoyo la cara entre mis manos
y frunzo el ceño.
¿Y ahora qué?
Me asusta la falta de camino,
aunque a veces también pienso que la falta de caminos significa un abanico más amplio de ellos.
Pero eso tampoco me tranquiliza hoy.
Otra vez esa maldita sensación,
en la que mi vida parece estar en pausa,
pasan los días, uno tras otro...largos, repetitivos y somnolientos.
Pero es solo eso, un ir y venir de días...
una repetición de gestos, actos y pasos
dados de manera robótica,
sin pensar, sin sentir, sin querer.
Esperando siempre algo más,
mirando siempre al futuro con un anhelo,
una ilusión que nunca parece llegar.
Y así sigo,
sentada en el suelo,
en mi jaula invisible de barrotes de oro,
pero jaula al fin y al cabo.
Esperando paciente a que llegue el momento.
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