Llevas días viendo como se amontonan,
al principio solo ocupan una pequeña esquina en tu habitación,
pero a medida que han ido pasando los días,
y has decidio ir obviandolos,
la montaña ha crecido...
llegando a ocupar casi todo el espacio posible.
Casi...o ocupándolo todo directamente.
Has querido ir posponiendo el momento,
pero hoy ves que ya no es posible.
O te decides o quedarás sepultada en tamaña montaña...
y al fin y al cabo, hay que seguir adelante,
con la impertubable consecución de la rutina.
Cojes uno a uno todos los trapos sucios,
esparcidos por doquier,
y poniéndote el mundo por montera
empiezas con tan odiada labor.
Te quedas sentada delante de la lavadora
y los ves dar vueltas, entremezclados, ajenos a todo...
Y una lágrima cae lentamente por el cristal,
quizás provocada por la condensación,
quizás es una de las miles que tienen aprisionadas los trapos...
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