Salgo de la reunión,
no puedo verme, pero lo sé,
mis ojos brillan,
una sonrisa inamovible ha aparecido en mi cara,
por fin, desde hace unas semanas,
parece que vuelve a latir mi corazón
y a correr sangre por mis venas.
Un torrente que parece imparable.
Ante mi se abre una oportunidad,
una idea tantas veces acariciada en mi cabeza,
que ahora se materializa,
empieza a tomar nombre,
veo caras, proyectos...
Sentada en la mesa,
intento absorver toda la información,
atrapar cada idea lanzada al vuelo,
almacenarlas en mi cabeza,
como si de un tarro de cristal se tratara.
Cuando se cierra una puerta se abre otra,
o eso he oído decir siempre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario